Último concierto de la gira europea de Band of Horses: la Riviera se llena de camisas de cuadros, barbas y moños; gafas de pasta, sudaderas y camisetas de rayas; camisas oxford y fachalecos; bigotes, pantalones barrel; un nutrido grupo de seres inclasificables. Todo a partes iguales. Mágico.
¿Y qué tendremos en común todos nosotros, me preguntaba anoche? o más bien, ¿por qué le gusta esta banda a una parroquia tan dispar? En un punto, me pareció que estábamos concitados todos los temperamentos melancólicos de Madrid (mayores de 45 años, eso sin duda). Me refiero a ese tipo de personas que, de un modo u otro, pretenden tener una relación profunda con la vida. Decía Romano Guardini que "la melancolía es la inquietud del hombre ante la vecindad de lo Eterno". Esa vecindad se experimenta de forma privilegiada a través de la belleza, pero también puede despertar un sentimiendo de pequeñez ante la propia finitud. Y eso hiere. Y a los que estábamos allí, de vez en cuando, nos gusta regodearnos en ese dolor.
Con la cabeza en estas cosas, me sorprende el tema que ya se ha convertido en un himno: Funeral. Y escucho la sentencia "at every occasion, I'll be ready for the funeral" y me pregunto si yo estaría preparada para el mío. Ben se emociona a mitad de canción y se hace el silencio. El concierto continua entre melodías nostálgicas, letras intimistas y un poco de ruido de más para mi gusto.
Unas canciones más tarde, nos saluda un vecino del pueblo despoblado donde, igual que él, nos hemos hecho una casa. Aunque desconozco si tenemos mucho o poco en común, pues apenas hemos hablado, algo debe haber para que estemos los dos allí y nos fascine una pedanía con menos de 20 habitantes. Me reafirmo en la teoría.
Pandereta a golpe de baqueta.
A little way to your heart
Down to the general store for nothing specific
Gonna wash my bones in the Atlantic shore
Only for you and me"

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